¿Por qué comprar nuestra leña?

la importancia de saber elegir

La elección del tipo de leña que vamos a utilizar en nuestra chimenea o estufa es fundamental para que nuestro equipo nos de las prestaciones óptimas. La madera es un combustible natural, no precisa de ningún procesado industrial ni tratamiento para su utilización, ya que es una materia prima de origen primario, pero eso no significa que podamos utilizarla nada más talarla; es preciso seguir un proceso adecuado de secado para que el producto llegue a nuestro hogar con las mejores características.

La madera recién cortada contiene entre un 60% y un 75% de humedad. Este contenido en agua, es imprescindible reducirlo, puesto que, si no, el rendimiento en la combustión es muy bajo y produce una gran cantidad de humo y condensación, provocados por la energía que se pierde en evaporar el agua, lo que se traduce en menos calor, y más limpieza. Ahora que tenemos dos razones de peso para corroborar que la humedad es una gran enemiga de la leña, es necesario saber algo sobre el proceso de secado.

Existen diversos tipos de leña en el mercado, entre las que destacan las maderas blandas como el pino o el eucalipto y las duras como el roble (carballo) y la encina.

Las blandas son maderas muy caloríficas y con un proceso de secado corto, pero arden con gran rapidez, lo que hace que su consumo sea notablemente alto en un sistema de calefacción. Al mismo tiempo, en la mayor parte de los casos, tienen un elevado contenido en resina, lo que en el proceso de combustión, genera unos subproductos que terminan por crear una capa de ceniza densa y alquitranada que, poco a poco, incide en las paredes de nuestras chimeneas o estufas, reduciendo su rendimiento y provocando un mayor desgaste con el tiempo.

Por otro lado, las maderas duras, tienen un crecimiento lento y al ser más densas, rinden más y tardan más en quemarse, haciendo que el gasto de combustible sea considerablemente menor. Pero para que estén en condiciones óptimas a la hora de meterlas en nuestra chimenea, precisan de un largo proceso de secado y curación. Son maderas muy fibrosas, con un alto contenido en taninos (compuestos fenólicos que protegen a la madera de los ataques de agentes exteriores y microorganismos en su estado natural). Una vez cortada, es necesario dejarla a la intemperie, para que la lluvia arrastre los taninos “lavándola”, entre 6 y 12 meses. Después de esto, comienza el proceso de secado que suele demorar otros 6-12 meses, para que la leña llegue a nuestro hogar en condiciones óptimas. 

En leñaypellets.com sólo comercializamos madera de roble, y nos encargamos del proceso de secado personalmente, para garantizar que la madera que vas a quemar esté en condiciones óptimas. Dividimos el proceso en varias fases:

LAVADO: Los troncos de leña se depositan en una gran explanada a la intemperie, y dejamos que la lluvia “lave” a madera para que bajen los taninos.  Este proceso de espera suele demorar unos 4 a 6 meses.

          CORTE Y CURACIÓN: Una vez los taninos han bajado, los troncos se procesan en una cinta de corte automatizada. Las hachas de leña se cortan en 3 medidas distintas, según el equipo en el que las vayamos a quemar:

o   LEÑA PEQUEÑA: (26-30cm) De calibre estrecho y longitud corta. Especialmente indicada para estufas pequeñas o cocinas bilbaínas. También se recomienda su uso para barbacoas.

o   LEÑA NORMAL: (35-42cm) El tamaño estándar, apto para los hogares y cassettes convencionales, así como para las estufas de tamaño medio o grande.

o   RACHÓN: Son hachas gruesas, de mayor calibre, ideales para “lareiras” y hogares de carga alta cuando ya tenemos la chimenea caliente y queremos dejarla en un ardido lento de mantenimiento.

Una vez cortada, las hachas se embolsan en sacos de malla transpirable, se paletizan y se dejan durante una temporada aún a la intemperie, para que con la lluvia terminen de bajar los taninos.

       SECADO: El proceso de secado combina una fase exterior y una fase cubierta. Durante los meses de verano, la leña permanece al aire libre y se va secando de forma natural. Luego se traslada a un almacén cubierto y muy bien ventilado, que culmina el proceso e impide que la leña se vuelva a humedecer en caso de inclemencias meteorológicas.  

Después de todo este proceso, nuestra leña tarda en llegar a tus manos mas de un año, lo que garantiza que está lista para que la consumas y tu chimenea rinda estupendamente. Durante el proceso medimos periódicamente el contenido en humedad para controlar el proceso de forma efectiva. Como líderes en el sector de la venta e instalación de equipos de biomasa, sabemos que la clave de un cliente satisfecho no solo está en la adquisición de un buen equipo, también es fundamental que el combustible que utilice sea óptimo, por lo que ponemos un gran empeño en ofrecer una leña que cumpla las mayores exigencias.

No debes olvidar que es muy importante que el proceso de secado no se interrumpa cuando llega a tu vivienda, por lo que es necesario que dispongas de un lugar seco y ventilado, a cubierto, donde almacenarla cuando te la sirvamos. Si no dispones de él, te recomendamos que no la acumules con demasiada antelación, ya que el tiempo que pase en nuestras manos, es garantía de que el producto se mantendrá seco hasta su uso.